• Daniela Urzola

The Lodge y Relic: el terror más allá del terror

Con un terror metafórico que se adentra en el terreno psicológico para abordar temas morales similares, The Lodge y Relic se presentan como dos de los ejemplos más destacados del género en el 2020, aún cuando sus aspectos derivativos no le permitan ocupar un lugar en los anales de la historia del terror.


The Lodge (Veronika Franz y Severin Fiala, 2020) DP: Thimios Bakatakis / Relic (Natalie Erika James, 2020) DP: Charlie Sarroff

En el último episodio de Marea Nocturna*, Desirée de Fez y compañía se reúnen para conversar acerca de los filmes y las tendencias del cine de terror a lo largo de este enrevesado 2020. Una de las cuestiones abordadas por este grupo de expertos del cine de género refleja un asunto que se encuentra en el centro de los debates actuales en torno al cine de terror: la discusión “terror puro vs. terror metafórico”, con este último haciendo referencia a la tendencia, cada vez más creciente, a utilizar el terror como medio para hablar de otros temas, generalmente anclados en la realidad sociopolítica actual. Se trata de un asunto que nos lleva a replantearnos los modos tradicionales de categorización del género frente a una ola de propuestas cinematográficas que se incluyen en él, pero que se alejan, en mayor o menor medida, de los códigos que tradicionalmente han definido al terror en su sentido más puro.


Dos ejemplos que hablan directamente de esto son The Lodge y Relic, películas que en el 2020 han traído a la luz estas discusiones para preguntarnos: ¿Qué es lo que hoy puede o no ser llamado “terror”? ¿Nos encontramos frente a una irrupción en el género por parte de películas que no deberían hacer parte de él? O, por el contrario, ¿podríamos hablar de una trascendencia del terror, propia del género y a través de la cual éste se expande y enriquece cada vez más? The Lodge y Relic son dos filmes que muestran las formas en las que el terror puede efectivamente trascender a otros espacios, sin dejar de lado los códigos propios del género al que deben su existencia. Y en el caso de estas dos películas el otro género con el que se sobrepone el terror es el del drama psicológico. Uno que, además, mantiene el tema de las relaciones familiares en el centro no sólo de la narración, sino también del tipo de terror empleado.


The Lodge (Veronica Franz y Severin Fiala, 2019) DP: Thimios Bakatakis

The Lodge es la segunda entrega del dúo de directores austriacos Veronika Franz y Severin Fiala, las mentes detrás de la aclamada Goodnight, Mommy (2014). El filme sigue a Grace -interpretada por Riley Keough-, mientras pasa unos días sola con los dos hijos de su prometido en una cabaña en medio de la nada, donde pronto empezarán a experimentar eventos fuera de lo normal. Desde el inicio, la película marca un tono intenso y angustiante que se irá intensificando a medida que transcurre la historia. Esto es logrado en gran parte gracias al diseño de sonido y a la banda sonora: elementos que permiten crear un sentido de atmósfera y tensión con tintes a directores como Ari Aster -quien, además, se ha convertido en el mayor referente actual del terror psicológico-. Así, con tan sólo dos obras en su filmografía, es claro que para Franz y Fiala el terror es una herramienta usada para explorar las relaciones familiares. En ambos filmes se pueden identificar, además de paralelos visuales entre sí, una serie de temas recurrentes, como lo son: la identidad borrosa o no descubierta, el pasado sin resolver, y el rol de la madre. Temas que se analizan a través del lente de las relaciones familiares. Particularmente, en The Lodge hay un doble nivel con respecto a esto: por un lado, está la que parece ser la relación central de la película, a saber, aquella de Grace con su futura familia. Pero, por otro, se encuentra también la relación familiar propia de su pasado: una que, como se irá revelando, nunca la abandona, y que poco a poco irá tomando protagonismo en el desarrollo de la historia.


Relic (Natalie Erika James, 2020) DP: Charlie Sarroff

Son estos temas los que aborda también Relic, aún cuando lo hace desde una perspectiva y con una moral completamente diferentes. La ópera prima de la australiana Natalie Erika James presenta a una familia esencialmente matriarcal, compuesta por tres personajes, Edna, Kay y Sam, que retratan tres generaciones diferentes. En el filme, madre e hija se van a la casa de campo de la familia para buscar a su abuela, quien ha desaparecido misteriosamente y de quien se revelan hechos y actitudes preocupantes a lo largo de la historia. En Relic, es particularmente destacable cómo los movimientos de la cámara se corresponden con lo que está pasando. Durante los primeros tres cuartos de la película, la cámara se muestra en su mayoría estática, creando, al igual que en The Lodge, un sentimiento de angustia y confusión. Mientras tanto, en el clímax hay un cambio hacia un movimiento mucho más frenético que refleja lo que están experimentando los personajes, a la vez que intensifica esa angustia en el espectador.


Relic es mucho menos explícita que The Lodge. Es igualmente ambigua en su desenlace y en su desarrollo, haciendo que el espectador se cuestione, escena tras escena, qué es lo que está sucediendo: ¿Es la casa que está embrujada? ¿Es algo propio de la familia? ¿Es relevante que sean sólo mujeres? Alerta de spoiler: es probable que no tengamos una respuesta, a diferencia del filme de Franz y Fiala, en el que sí se revela muy claramente la explicación detrás de todo lo sucedido. Cuál de las dos resoluciones funciona más no es el asunto aquí. Sino mostrar cómo ambos filmes presentan un ejercicio de terror contenido o controlado: un tipo de terror que no se despliega en su totalidad en momentos álgidos o en simples jump scares, sino que permite mantener un aura de zozobra y tensión a lo largo de la película. Una que acompaña el conflicto familiar situado en el centro de la historia, resultando en un terror con un marcado tono psicológico y emocional.


En el mencionado podcast de Marea Nocturna, Ángel Sala hablaba del debate aquí aludido para argumentar que hoy en día se están clasificando muchas películas bajo la etiqueta “terror” cuando en realidad no lo merecen. No obstante, se puede elegir ver este asunto desde una perspectiva contraria, cuando se observa que lo que están haciendo muchas películas hoy es subvertir esos códigos tradicionales del cine de terror, para así establecer una ruptura clara con esa clasificación y subclasificación (sobrenatural, slasher, etc.) a la que estamos tan acostumbrados. Esto es lo que hace que filmes como The Lodge o Relic funcionen, más allá de si el terror empleado es efectivo o no para el espectador -lo cual es algo que cada espectador decide por su cuenta-. Cada filme, ambos ejemplos sobresalientes en un año por lo demás poco extraordinario para el cine en general, establece un diálogo con una multiplicidad de géneros: drama, terror psicológico, terror sobrenatural, body horror… Lo que se presenta, en últimas, y lo que las hace funcionar, es el juego con los límites entre lo que en realidad está pasando y lo que los personajes están imaginando, lo cual en ocasiones es casi que imperceptible para el espectador y le permite, por lo tanto, entrar en ese juego de cuestionarse qué es lo que está viendo; en otras palabras, qué tipo de película está viendo. Es aquí donde estas propuestas encuentran su riqueza: en tanto desafían no sólo la necesidad de clasificación, sino también la idea del terror puro e intocable. Y esto es algo novedoso en un género en el que frecuentemente creemos que ya no puede haber nada nuevo.


*Marea Nocturna es un podcast de Radio Primavera Sound, dedicado al cine de terror. Para escuchar el último episodio, publicado el 19 de diciembre de 2020, ver Spotify.

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