• Daniela Urzola

Revenge: “Ella se lo buscó”


Revenge (Coralie Fargeat, 2017) DP: Robrecht Heyvaert

Amarillos saturados al máximo y pendientes color magenta resaltan en medio del escenario desértico donde la venganza de Jennifer tiene lugar. Revenge (2017), debut de la cineasta francesa Coralie Fargeat, presenta una relectura feminista de uno de los subgéneros favoritos de los fans del terror de culto, y lo hace a través de una sincronía perfecta entre sustancia y forma. El rape and revenge no es nada nuevo en el cine de terror. Este subgénero tuvo su apogeo en la década de 1970 con películas que hoy son consideradas obras de culto, como Escupiré sobre tu tumba (1978) y La última casa a la izquierda (1972) -el debut de Wes Craven con el que formuló una reinterpretación libre y grotesca del clásico de Ingmar Bergman El manantial de la doncella (1961)-. En estas películas, la narrativa solía estar dividida en dos actos: un primer momento en el que la violación tenía lugar -a manos de uno o más perpetradores-, y un segundo acto en el que la víctima -o una figura masculina cercana a ella- decidía tomar justicia por sus propias manos y vengar el brutal acto al que había sido sometida. Pero, más allá de la historia, lo esencial a estos filmes recaía en el empleo de una violencia gráfica y extrema sobre el cuerpo femenino. Todos ellos utilizaban la explotación sexual, todos dependían de un factor de choque a la audiencia, y, por supuesto, todos eran dirigidos por hombres.


Revenge (Coralie Fargeat, 2017) DP: Robrecht Heyvaert

Pero ya no. En los últimos años, cada vez más directoras han empezado a revisar el subgénero y a presentar estas historias a través del lente femenino. Y, por supuesto, uno de los ejemplos más destacados tiene que ser Revenge (2017), una película donde el rape and revenge se combina con elementos de la nueva extrema francesa -una tendencia del cine de terror francés de comienzos de siglo, en la que, como su mismo nombre lo indica, la violencia y la brutalidad son llevados al extremo más radical-, para dar como resultado una historia cruda y sangrienta de venganza femenina. La película sigue a Jennifer, la joven amante de un hombre casado, a quien acompaña en sus vacaciones de caza con dos amigos. No hay que entrar en detalles para saber lo que sucede a continuación. Después de ser violada por uno de estos hombres, los tres intentan encubrir el crimen y se deshacen de su cuerpo en la mitad del desierto. O al menos eso creen. Porque a partir de ese momento el filme se desenvuelve en una serie de eventos que simbolizan un renacer -casi literal- de Jennifer, quien pronto dejará de ser la víctima y se convertirá en la cazadora.


Revenge (Coralie Fargeat, 2017) DP: Robrecht Heyvaert

Algo particularmente relevante del personaje de Jennifer es que presenta una ruptura con el arquetipo de la víctima virginal. No es casual, además, que su nombre sea Jennifer, si se tiene en cuenta que así se llamaba la protagonista de Escupiré sobre tu tumba (1978). Pero, a diferencia de sus antecesoras en el género, ella no es una doncella recatada ni una joven ingenua. Es una mujer que asume su sexualidad y lo disfruta. Jennifer es “la otra mujer”, es alguien que viste vestidos cortos y escotes profundos, que anda en ropa interior frente a los hombres, que coquetea con ellos y les baila de modo sensual. Así que, si hace todo esto, ella debe desearlo, ¿no? A través de todos estos detalles, la película alude directamente a un inconsciente colectivo que hoy, más que nunca, debe ser deconstruido. Uno que nos lleva a pensar que si esto fuera un caso de la vida real la gente probablemente diría: “ella se lo buscó”. Y es en esta representación de la sexualidad femenina donde el discurso subversivo de Fargeat se hace aún más claro.



Revenge (Coralie Fargeat, 2017) DP: Robrecht Heyvaert

La premisa de Revenge sigue las fórmulas clásicas del subgénero, pero las usa para mostrar que existen maneras diferentes de contar una historia de venganza sin recurrir a la explotación del cuerpo femenino. En su debut, Fargeat cuestiona constantemente esa violencia gráfica sobre la mujer, a través de un trabajo de cámara impecable que se empeña en enfatizar la sexualización del cuerpo femenino con acercamientos a la boca, al culo y a todo lo que hace a una mujer “deseable” para el hombre. La diferencia está en que esto no está pensado para el disfrute de él sino precisamente para mostrar lo que significa ser sujeto de esa mirada masculina incómoda y violentadora. Incluso la propia escena de la violación es una secuencia que, sin recurrir a la violencia explícita sobre el cuerpo femenino, resulta profundamente dolorosa de ver. Especialmente si eres una espectadora mujer. Porque ahí está la potencia de Revenge: en su narración femenina, pero también en su recepción femenina. Adicionalmente, a Jennifer nunca se le ve desnuda, a diferencia del personaje masculino principal, cuyo cuerpo se muestra enteramente desnudo en más de una ocasión. Un comentario directo a la casi obligada desnudez gratuita de la mujer en el slasher.


Repito: el rape and revenge no es nada nuevo en el mundo del terror. Lo que sí es nuevo es contarlo desde una mirada femenina para subvertir el género desde adentro. Con Revenge, Coralie Fargeat le da la vuelta a un subgénero que tradicionalmente ha representado a la mujer desde el male gaze. La película se construye formalmente a través de un juego de miradas con recursos como los binoculares, el lente de la escopeta y las ventanas de cristal, que reafirman una y otra vez la idea de mirar y ser mirado. En el último plano, un travelling nos acerca a Jennifer desde atrás, quien por su parte se da vuelta y mira directamente a la cámara. Y es allí, en ese instante, cuando ella deja de ser sujeto de otra mirada. Ella es quien nos mira. Y ella es quien está a cargo. De su venganza, de su agencia, de su cuerpo y de su feminidad.


Revenge (Coralie Fargeat, 2017) DP: Robrecht Heyvaert

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