• Daniela Urzola

Impetigore: la promesa del I-Horror

Unos años después de Satan’s Slaves, su gran éxito de 2017, Joko Anwar regresa al género del terror para dar vida a una historia llena de violencia, suspenso y folklore, demostrando en su paso que el terror indonesio está aquí para quedarse.


Impetigore (Joko Anwar, 2020) DP: Ical Tanjung

En la escena inicial de Impetigore, Maya -interpretada por Tara Basro, quien ya podría ser bautizada la scream queen de Joko Anwar- trabaja el turno nocturno en un peaje en una carretera en la mitad de la nada. Está conversando por teléfono con su amiga, Dini, cuando un hombre la empieza a acosar, aparcando su carro a tan sólo unos metros de su cabina y acercándose a hacerle preguntas personales. La tensión crece aceleradamente cuando vemos que el hombre recupera un machete del carro y persigue a Maya a lo largo de la calle para matarla, hasta finalmente ser detenido por un disparo de la policía.


Así empieza Impetigore. Sin rodeos, sin susurros, sin preámbulos innecesarios. Va al grano y directo a la acción. Es un inicio rápido e inquietante que juega con miedos reales y tangibles de nuestra cotidianidad -una mujer sola en medio de la noche siendo acosada por un hombre que no conoce-, a la vez que captura de manera instantánea la atención del espectador, quien inevitablemente querrá seguir viendo la película para responder a la pregunta: “¿Qué acabo de presenciar?”. No obstante, la respuesta no llegará pronto, ya que inmediatamente después de este arranque, el ritmo de la película se cae para dar paso a un desarrollo más lento y no por ello menos cautivador. En Impetigore, Anwar juega con una multiplicidad de ritmos que le favorece enormemente, acelerando y desacelerando, saltando de un lado a otro entre la intensidad propia de una secuencia de persecución en una slasher, y el tempo mucho más pausado que le permite añadir el suspenso y la ambientación necesarias.


Impetigore (Joko Anwar, 2020) DP: Ical Tanjung

Todo esto es logrado gracias a una historia que mezcla elementos de diferentes subgéneros y los pasa por el lente del folklore. Impetigore (en indonesio, Perempuan Tanah Jahanam, que traduce literalmente “la mujer de la tierra maldita”) sigue a Maya en su regreso a la aldea de sus padres, de quienes no conoce nada más que la posesión de una casa, la cual creerá podrá resolver todos sus problemas económicos. Pero lo que Maya no sabe es que los aldeanos están esperando su regreso para cazarla y así levantar una maldición que ha sido impuesta sobre ellos desde el momento en que ella se marchó. Es un clásico ejemplo de folk horror, con una historia que tiene lugar -casi en su totalidad- en un escenario rural en el que Maya se adentrará para descubrir los secretos que se esconden detrás de las tradiciones más preciadas de estos aldeanos. La premisa provocativa y el escenario en el que transcurren los hechos le permiten a Anwar explorar una serie de intereses que ya habían sido identificados en Satan’s Slaves, remake de una película indonesia de culto de 1982. Los pactos con el diablo, los cultos y las maldiciones vuelven a adquirir un lugar predominante, mezclando elementos sobrenaturales con un terror más humano, y logrando así anclar el terror en un marco cultural determinado.


Impetigore (Joko Anwar, 2020) DP: Ical Tanjung

Éste es quizás el mayor logro de Impetigore, más allá de lo efectivo del terror que emplea -que en algunas ocasiones funciona más que en otras-. Lo que más destaca de esta segunda incursión de Anwar en el género es la manera cómo el director indonesio toma un subgénero que ha sido predominantemente occidental y lo usa para presentar una historia de terror íntimamente ligada a las costumbres de una cultura oriental. Porque es la tradición wayang kulit, una antigua forma de arte javanesa que consiste en un teatro de sombras con títeres, el elemento que marcará el hilo conductor de la película, desde el conflicto presentado hasta su eventual resolución. Se trata de un elemento que, por un lado, permite imprimir en el filme una estética seductora y, por otro, le otorga a éste el poder de contar historias y de encontrar el terror a partir de una exploración de la cultura propia.


Con su segundo filme de terror, Joko Anwar ha logrado posicionarse aún más dentro del género, acompañado de otros directores indonesios que en los últimos años han dado vida a piezas igualmente destacables, que gracias a plataformas como Shudder han podido ser diseminadas y reconocidas en un ámbito global. Así, cabe preguntarse: luego de casi dos décadas desde el auge del J-Horror, y posteriormente el K-Horror, ¿nos encontramos ante el nacimiento de un tercer movimiento de culto alrededor de otra cultura asiática? Tal vez sea muy pronto para decirlo, pero lo cierto es que con propuestas tan reivindicadoras y subversivas como Impetigore, es casi imposible no soñar con ello.

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