• Daniela Urzola

His House: el eterno retorno al 'middle passage'

Relevante y brutalmente honesta, el debut de Remi Weekes es una importante pieza de terror afro que presenta una historia sobrenatural sin precedentes, igual de espeluznante por sus fantasmas que por su crítica racial.


His House (Remi Weekes, 2020) DP: Jo Willems

La corriente del ‘Black Horror’, que busca reivindicar la mirada afrodescendiente en las películas de terror, es una tendencia que desde hace unos años ha adquirido una fuerza cada vez mayor. Por supuesto, el nombre de Jordan Peele es el primero que viene en mente, quien en 2017 dio vida a la revolucionaria Get Out: un retrato racista de la sociedad norteamericana actual que puso en tela de juicio las formas de representación del cuerpo negro en el cine de terror tradicional. Tras sus pasos, ha surgido una nueva ola de directores afroamericanos en el género, con películas que buscan deconstruir los arquetipos de representación bajo los cuales se ha encasillado a los personajes negros en la historia del terror. Arquetipos como el sirviente leal, el ‘magical negro’, o incluso en las slashers “el primero en morir”, han poco a poco desaparecido para dar lugar a protagonistas afro. Pero no se trata sólo de darles el rol principal, sino de crear personajes negros que sean “woke”: conscientes del racismo estructural en el que están inmersos. Conscientes de que el racismo es, de hecho, el mayor temor que pueden enfrentar.


His House (Remi Weekes, 2020) DP: Jo Willems

En His House, la protagonista, Rial, alude a esto brevemente. En una discusión con su esposo Bol acerca de lo que están experimentando en su nuevo “hogar” -si acaso así puede ser llamado-, ella dice: “You think I can be afraid of ghosts?” [¿Crees que puedo temer a fantasmas?]. Esta línea de diálogo es tan potente como el resto de la película lo será. El debut de Remi Weekes sigue a una pareja de Sudán del Sur, Rial y Bol, quienes llegan como refugiados al Reino Unido para vivir en una casa en la que empezarán a ser víctimas de eventos paranormales. Pero la pregunta que en realidad atraviesa la película es: ¿qué es lo que los atormenta en esa casa? ¿Se trata verdaderamente de una presencia maligna? ¿O son sus demonios internos y el trauma que han vivido -al que, además, se suma la pérdida de una niña-? His House es más aterradora por su crudeza que por sus monstruos. El verdadero tormento de esta pareja no es una tradicional casa embrujada, es la experiencia de tener que vivir en una casa que no es suya. En un mundo que les es absolutamente ajeno. Es, en esencia, el trauma del exilio que se representa aquí como una presencia fantasmagórica que nunca los abandona.


His House (Remi Weekes, 2020) DP: Jo Willems

“I survived by belonging nowhere” [Sobreviví perteneciendo a ningún lado], anota Rial al explicarle a una mujer británica el origen de las marcas en su cuerpo. Marcas que la identifican como miembro simultáneo de dos tribus enfrentadas en guerra. Ésta es la experiencia del exilio, de la diáspora: el trauma de no pertenecer, de estar en un perpetuo no-lugar, de ser por siempre Otro en un mundo hostil ante la diferencia. Rial y Bol representan dos maneras radicalmente diferentes, pero igualmente válidas, de enfrentarse a esta experiencia; una dualidad en las formas de lidiar con el desarraigo y la vida en un mundo ajeno. Rial se aferra al pasado, mientras que Bol quiere olvidarlo a toda costa. Ella le dice “we’re not like them”, a lo que él contesta “we can be”, procediendo a quemar todos sus objetos viejos, y obligándola a comer con cubiertos de metal y a hablar en inglés todo el tiempo, por encima de su lengua natal. Mientras él opta por la asimilación y compra la ropa que usan los modelos británicos en vallas publicitarias, ella usa una sábana para hacerse una prenda que se asemeje a los vestidos tradicionales de su país. Y así continúa esta lucha entre opuestos, vista a través de la relación de pareja yaciente en el centro de la narración.


His House (Remi Weekes, 2020) DP: Jo Willems

His House utiliza una iconografía potente para acompañar un mensaje político de la misma fuerza. No es coincidencia, por lo tanto, que el mar ocupe un lugar visual tan predominante en la película como elemento simbólico al que los personajes vuelven una y otra vez, principalmente en los flashbacks y las secuencias de sueño. Por ejemplo, resulta casi inevitable relacionar el plano que enfoca desde arriba la precaria barca que los llevaría al Reino Unido con las ilustraciones de barcos esclavistas producidas en el siglo XVIII (ver imagen de referencia). E incluso más allá de lo visual, en la propia narración ese mar juega un rol central. En una escena crucial, Rial explica que lo que los ha seguido hasta esa nueva casa es un Apeth: una bruja que en la cultura Dinka persigue a aquellos que le han robado algo de su posesión. Es muy interesante y destacable que Weekes haya decidido añadir en la historia algo propio de la cultura de los Dinka -incluso cuando su ejecución haya pecado por exceso de CGI-. Pero más allá de este gesto tan diciente, lo que aquí interesa es que Rial menciona al Apeth como algo que ha nacido del océano, de ese tránsito que realizaron ella y Bol para llegar hasta donde están… Es el mar el lugar originario del trauma. De aquel trauma que viven Rial y Bol, y que en últimas representa aquel de toda la diáspora africana. Una herida que se remonta al middle passage: ese espacio marítimo de la trata transatlántica al que los esclavos se veían obligados a atravesar, sólo para llegar a un mundo ajeno en el que su sufrimiento nunca acabaría. Un “nuevo mundo” al que nunca llegarían a pertenecer. Una casa que siempre sería de alguien más.

Plano de un barco de esclavos (S. XVIII)

Los fantasmas en la casa que habitan Rial y Bol son todos los que ellos dejaron atrás en ese viaje por el océano. Pero lo que se encuentra detrás de todo, lo que verdaderamente los aterroriza, es el fantasma -que de sobrenatural nada tiene- del racismo. Es el eterno permanecer en un no pertenecer. El limbo entre un lugar que solía ser suyo, pero ya no lo es, y uno nuevo que no logran reclamar como propio. Es el eterno retorno al trauma originario, al middle passage, y a los demonios del pasado que, como anota Bol, por siempre vivirán con ellos.

His House (Remi Weekes, 2020) DP: Jo Willems

16 views0 comments
  • Instagram - White Circle

@theotherfinalgirl