• Daniela Urzola

Crudo: las ventajas de ser un caníbal


Raw (Julia Doucournau, 2016) DP: Ruben Impens

En 1791, el polémico Marqués de Sade presentaría al mundo la historia de Justine, una joven mujer virtuosa cuyo deseo de llevar una vida moralmente correcta se ve arrebatado una y otra vez por cada persona que se cruza en su camino y la violenta de toda forma imaginada. En 2016, la directora francesa Julia Ducournau nos presenta una nueva Justine; una que no estaría tan alejada de la original. Crudo (2016) narra la historia de una joven estudiante de veterinaria que, como el resto de su familia, ha practicado el veganismo toda su vida. Tras un ritual de iniciación en el que se ve forzada a comer un hígado de conejo, nuestra protagonista empieza a desarrollar un apetito, cada vez más fuerte y difícil de ignorar, por la carne. No animal sino humana.


Raw (Julia Doucournau, 2016) DP: Ruben Impens

Estrenada en el Festival de Cannes, la ópera prima de Ducournau conmocionó a la audiencia con una imaginería visual potente y perturbadora en la que prima la violencia contra el cuerpo humano. Una que en más de una ocasión nos hace mirar hacia otro lado. Sin embargo, el gran logro de Crudo reside en su manera de aproximarse al gore, empleado no como mero recurso de choque -lo que sucede en gran parte de los casos que resultan en películas de explotación- sino como una herramienta visual para traducir a lo externo los conflictos internos por los que atraviesa nuestra protagonista. Así, Ducournau presenta una variante del body horror con un marcado tono psicológico, en la que se concilian dos géneros que de otro modo no podrían estar situados en extremos más absolutos: el terror en su acepción más grotesca y el coming-of-age.


Raw (Julia Doucournau, 2016) DP: Ruben Impens

Así, Crudo se presenta como una coming-of-age retorcida en la que lo central es el desarrollo moral de Justine, quien hace eco de su predecesora y se convierte en espectadora de la decadencia de su propia virtud. Porque en un primer visionado, el filme parece ser solamente una historia de canibalismo, pero una mirada más de cerca permite entender que, a través de esta temática, se establece un paralelo entre el despertar sexual de una mujer y el origen de un inexplicable apetito por la carne humana. No resulta azaroso que, además de su veganismo, el otro aspecto central al personaje de Justine sea su condición de virgen. Pero en el tránsito por una etapa definitoria de su vida, ella ve ambos principios cuestionados, y es esto lo que la hace descender a un viaje de lucha constante contra sus propios deseos. En este aspecto, la relación con su hermana mayor, probablemente la principal a lo largo de toda la película, juega un papel particularmente relevante. A diferencia de Justine, Alexia se muestra como una mujer liberada. Una que ha asumido sus deseos de carne -en todos los sentidos posibles-. Francamente, a Ducournau sólo le ha faltado llamarla Juliette para hacer de la referencia a Sade algo más obvio. Pero no lo hace, y es consciente de ello. Crudo se construye a partir de simbolismos sugeridos mas nunca explícitos, a la suerte de que el espectador complete la interpretación desde su propia mirada.


Raw (Julia Doucournau, 2016) DP: Ruben Impens

La película mantiene un aura de profunda tensión, que es amplificada por una banda sonora y un diseño de sonido que enfatiza de manera magistral cada sensación del cuerpo. A esto, además, se le añade un aspecto claustrofóbico, producido en gran parte por los escenarios, en su mayoría espacios cerrados, y la iluminación de estos con tonos neón. Todos estos elementos, además, contribuyen a una representación realista de la ansiedad que, cuando alcanza sus momentos cúlmenes, nos permite atravesar el dolor físico del cuerpo y ver el sufrimiento interno de Justine. “Sé que tú encontrarás una solución” es la línea de diálogo con la que acaba Crudo. Sin nombrar a quien la dice para no incurrir en spoilers, esta frase cierra la película en un tono, si bien inesperado, también esperanzador. Casi como el monólogo final de Lady Bird (Greta Gerwig, 2017), la carta firmada por El club de los cinco (John Hughes, 1985) o el sencillo “somos infinitos” de Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012), Crudo nos hace pensar que Justine encontrará la forma de vivir con su canibalismo. Y no sólo de eso. Sino de hallar una nueva virtud en él, en su cuerpo femenino, y en su naturaleza carnal.

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